lunes, 2 de febrero de 2026

INVISIBLE ES EL RIESGO

 


 

Por Carlos Valdés Martín

 

Esto es invisible por su naturaleza; si fuera por completo visible, entonces resultaría por entero previsible y desaparecería. Una previsión cierta al 100% no ofrece riesgos, mientras que cuanto mayor sea la imprevisibilidad de un evento futuro, mayor será el Riesgo.

Debido a que es un factor invisible es que se formó el sistema de los Seguros, desde sus lejanos orígenes en una especie de apuestas entre marineros audaces y comerciantes, que preferían juntar dinero y ofrecer una compensación si la carga se perdía, mientras ganaban un premio cuando se salvaba.

El Mediterráneo en esos siglos era una región mucho más peligrosa de lo que ahora se imagina, pues había piratas, torbellinos marítimos y tormentas con bastante fuerza para frustrar el comercio marítimo. La Odisea recuerda otros siglos, incluso anteriores al Seguro, cuando los naufragios eran frecuentes y no había mapas confiables ni brújulas.

La existencia posee sus puntos ciegos y el evitarlos se llama prudencia y experiencia.

Sin embargo, el Riesgo en serio es una posibilidad latente, que resulta invisible a la mente.

Los griegos imploraban al Oráculo de Delfos para adivinar el futuro, pero las respuestas en las que confiaban se respondían con poemas y frases paradójicas que se prestaban al engaño y a la mala interpretación.

La modernidad no desapareció el Riesgo de los antiguos navegantes, sino que lo diversificó. Mientras muchos viejos riesgos como navegar sin instrumentales ahora se solventa, las desagradables sorpresas no han desaparecido. Por extraño que parezca en pleno siglo XXI siguen reportándose casos de piratería marítima.

La tecnología y la protección civil ayudan a reducir las contingencias, pero el Riesgo sigue invisible y nuevos episodios suceden cada día: una ponchadura, un árbol cae sin dar señales, hay un sismo, hay asaltantes, etc.

La tecnología y la prevención ayudan muchísimo, pero ante el Riesgo invisible están los Seguros.

¿Conoces a alguien que prefiera seguir por la vida como ese antiguo marinero sin mapas?

 

lunes, 5 de enero de 2026

LEY DE LA RUTINA ENCEGUECEDORA FAVORECE AL IMPREVISTO PROBABILÍSTICO

 

 

                                            Por Carlos Valdés Martín 

La “Ley Valdés Martín de la Rutina Enceguecedora favorece al Imprevisto Probabilístico” afirma que las probabilidades objetivas se incrementan con el paso del tiempo, mientras la ley psicológica de la costumbre y rutina nos engaña al hacernos que creer que, si no sucedió un evento adverso durante suficiente tiempo, entonces ya nunca nos sucederá. Suponiendo un buen manejador, mientras más tiempo transcurre sin que algún mal conductor lo colisione, la probabilidad de que a él le suceda un accidente se incrementará. El automovilista precavido tendrá muy pocos accidentes a lo largo de su vida, mientras que el temerario tendrá más, pero la ley de probabilidades opera en el mismo sentido.

Así, las leyes psicológicas de la rutina y costumbre provocan una creencia contraria a las leyes de la probabilidad. La probabilidad matemática señala que cuando se repite un suceso aleatorio crece constantemente la probabilidad del evento que no había ocurrido. La repetición acerca la probabilidad de que algo ocurra. A la repetición positiva la elogiamos como perseverancia, a la negativa la cuestionamos como imprudencia.

Mientras nada le advierta en carne propia el aventurero, quiere más adrenalina. El equilibrista (funambulista o acróbata) que camina por la cuerda floja lo hace cada vez más confiado y subiendo la altura. El motociclista que nunca se ha caído, cada vez acelera más en un mediodía de euforia. Al temerario, la repetición de sus actos lo acerca constantemente a la adversidad.

Todas las personas, incluso más precavidas, estamos rodeadas de imprevistos probabilísticos, por tanto, sujetas a posibles accidentes y desgracias. Las leyes psicológicas de la rutina y la costumbre antagonizan con las leyes matemáticas de la probabilidad.  La Ley Valdés Martín de la Rutina Enceguecedora contra el Imprevisto Probabilístico, sirve para abrir los ojos y mirar más allá de la engañosa tranquilidad.

 

 

domingo, 21 de diciembre de 2025

SALVANDO TU DINERO COMO MOISÉS, MULTIPLICÁNDOLO COMO HORMIGAS

 

Por Carlos Valdés Martín

 

Así como el profeta separó las aguas del Mar Rojo, este Moisés —un compatriota laborioso— separó cada día un poco de dinero y lo reservó para sí mismo. Salvó $99.oo cada día, que no es mucho dinero, pero guardarlo sin fallar, sí requiere de buena atención. Esa cantidad de $99.oo equivale a dos cafés en algún sitio de moda o una rebanada grande de pastel, para él fue un antojo menos al día. Esa cantidad es un simple gustito, nada más.

Este Moisés, quería juntar un millón de pesos dentro de unos años, pero dependía de un trabajo fijo y no había tanto de dónde recortar gastos. Además, eso de juntar tanto dinero, pues hasta le parecía un sueño lejano.

Los malos amigos, se burlaron de Moisés, como si pretendiera hacer un milagro como el de la Biblia. Sin ocuparse de los malos bromistas, este amigo siguió con su plan.

Además, Moisés encontró una manera de darle más valor a su dinero y favorecerlo con intereses.

Los primeros diez mil pesos no fueron tan sencillos, pero luego su dinero tomó más impulso.

Para hacer esta narración más breve, te diré que los meses se volvieron años y los miles de pesos se volvieron millones. El tiempo pasó y el dinero de Moisés sí se acumuló y multiplicó.

El acumulado se volvió una cantidad grande… ¿Cuántos millones? La respuesta es interesante, pero lo primero fue adquirir la capacidad de conservar $99.oo cada día.

No parece tan difícil y, si me deja un comentario indicando cómo quieres recibir la respuesta, te compartiré la fórmula de Moisés.