Por Carlos Valdés Martín
Esto es invisible por su naturaleza; si fuera por completo visible, entonces resultaría por entero previsible y desaparecería. Una previsión cierta al 100% no ofrece riesgos, mientras que cuanto mayor sea la imprevisibilidad de un evento futuro, mayor será el Riesgo.
Debido a que es un factor invisible es que se formó el sistema de los Seguros, desde sus lejanos orígenes en una especie de apuestas entre marineros audaces y comerciantes, que preferían juntar dinero y ofrecer una compensación si la carga se perdía, mientras ganaban un premio cuando se salvaba.
El Mediterráneo en esos siglos era una región mucho más peligrosa de lo que ahora se imagina, pues había piratas, torbellinos marítimos y tormentas con bastante fuerza para frustrar el comercio marítimo. La Odisea recuerda otros siglos, incluso anteriores al Seguro, cuando los naufragios eran frecuentes y no había mapas confiables ni brújulas.
La existencia posee sus puntos ciegos y el evitarlos se llama prudencia y experiencia.
Sin embargo, el Riesgo en serio es una posibilidad latente, que resulta invisible a la mente.
Los griegos imploraban al Oráculo de Delfos para adivinar el futuro, pero las respuestas en las que confiaban se respondían con poemas y frases paradójicas que se prestaban al engaño y a la mala interpretación.
La modernidad no desapareció el Riesgo de los antiguos navegantes, sino que lo diversificó. Mientras muchos viejos riesgos como navegar sin instrumentales ahora se solventa, las desagradables sorpresas no han desaparecido. Por extraño que parezca en pleno siglo XXI siguen reportándose casos de piratería marítima.
La tecnología y la protección civil ayudan a reducir las contingencias, pero el Riesgo sigue invisible y nuevos episodios suceden cada día: una ponchadura, un árbol cae sin dar señales, hay un sismo, hay asaltantes, etc.
La tecnología y la prevención ayudan muchísimo, pero ante el Riesgo invisible están los Seguros.
¿Conoces a alguien que prefiera seguir por la vida como ese antiguo marinero sin mapas?