lunes, 23 de febrero de 2026

CÓDIGO ROJO DE SEGURIDAD

 


                                     Por Carlos Valdés Martín

 Algunos amigos nos preguntaron de qué trata el Código Rojo y cuáles son sus bases, así que aquí comentamos. En otra ocasión, ampliaremos para relacionarlo con el tema de los seguros y los aspectos relativos.

Cuando el gobierno de México (generalmente a nivel estatal, como en Jalisco, o en coordinación con autoridades federales y Protección Civil) activa un código rojo, se trata de un protocolo de emergencia de máxima alerta. Se implementa principalmente ante situaciones de alto riesgo para la seguridad pública, como olas de violencia, narcobloqueos, enfrentamientos armados, disturbios o eventos que amenacen la integridad de la población.

No es un término estandarizado para desastres naturales, como sismos o huracanes, donde se usan otros alertamientos del CENAPRED o Protección Civil, sino un mecanismo operativo de seguridad para movilizar rápidamente corporaciones policiales, estatales y federales.

Precauciones y recomendaciones principales que emiten las autoridades al activar el Código Rojo. Las indicaciones suelen ser consistentes en comunicados oficiales, gubernamentales y alertas de embajadas:

  • Mantente en casa o en un lugar seguro hasta que las autoridades indiquen que la situación está controlada. Evita salir a las calles si no es indispensable.
  • Evita desplazamientos no esenciales. Mantente a distancia de zonas con bloqueos, enfrentamientos o presencia de fuerzas de seguridad.
  • No te acerques a puntos conflictivos, como bloqueos carreteros, manifestaciones, bancos u otros sitios que hayan sido afectados.
  • Mantente informado por fuentes oficiales (gobierno del estado, Secretaría de Seguridad, Protección Civil, cuentas verificadas en X o medios confiables). Evita difundir rumores o información no confirmada, para no generar pánico.
  • Suspensión de actividades: Presta atención a cierres de transporte público, escuelas, eventos masivos o servicios de bancos, que suelen cancelarse temporalmente.
  • En caso de emergencia: Reporta una situación de riesgo al 911 o números oficiales de denuncia (como el 089 para denuncias anónimas). No intentes intervenir en zonas de riesgo.
  • Para grupos vulnerables (niños, adultos mayores, personas con enfermedades): Prioriza su resguardo y conserva a la mano un kit básico (agua, medicamentos, alimentos no perecederos y celular cargado).
  • Observa y sigue indicaciones locales: El gobernador o autoridades estatales suelen dar actualizaciones directas.

Este protocolo busca reducir riesgos para la ciudadanía mientras las fuerzas de seguridad restablecen el orden. La duración depende de la evolución de los hechos (puede durar horas o días).

Si estás en una zona afectada bajo Código Rojo, prioriza tu seguridad y la de tu familia siguiendo estas indicaciones con cuidado. Mantente atento a los comunicados oficiales para saber cuándo se levanta la medida. Si necesitas información específica de tu estado o municipio, consulta directamente las cuentas oficiales de gobierno o Protección Civil.

Base legal del Código Rojo en México

No es una figura jurídica establecida en una ley federal única y específica con ese nombre exacto (no existe una "Ley del Código Rojo"), sino un mecanismo operativo interno y de coordinación que se basa en el marco legal general de seguridad pública. Sus fundamentos principales son:

  • Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos — Artículo 21: Establece que la seguridad pública es función a cargo de la Federación, estados y municipios, y obliga a la coordinación entre niveles de gobierno para prevenir delitos, investigar y preservar el orden público.
  • Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública (LGSNSP) — Reglamentaria del artículo 21 constitucional. Regula la integración, organización y funcionamiento del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), establece mecanismos de coordinación interinstitucional (mesas de seguridad, intercambio de información, operativos conjuntos) y faculta a las autoridades a implementar protocolos de emergencia y respuesta rápida ante amenazas graves. Es la base principal para activar alertas operativas como el Código Rojo en contextos de alto impacto.
  • Leyes estatales de seguridad pública — Muchas entidades federativas (por ejemplo, Ley de Seguridad Pública del Estado de Jalisco, Nuevo León u otras) incorporan o permiten protocolos internos de emergencia como el Código Rojo, que activan movilización inmediata de policías estatales, municipales y federales, suspensión temporal de actividades, y coordinación con el Ejército o Guardia Nacional cuando es necesario.
  • En sistemas penitenciarios o de alta seguridad — Aparece en manuales y guías (como la Guía de Seguridad Perimetral en centros penitenciarios) con base en la Ley de Seguridad Nacional (artículos 5 y 6), Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública y Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, para casos como intentos de fuga, motines o ataques externos.

En resumen, el Código Rojo se activa por decisión de gobernadores o secretarías de seguridad (como ocurrió recientemente en Jalisco tras eventos de violencia extrema) para priorizar la protección de la población, coordinar fuerzas bajo un mando unificado y responder con rapidez, todo dentro del marco del SNSP y el artículo 21 constitucional. No es una "declaratoria oficial" como un estado de excepción, sino una herramienta práctica de reacción inmediata.

 

lunes, 2 de febrero de 2026

INVISIBLE ES EL RIESGO

 


 

Por Carlos Valdés Martín

 

Esto es invisible por su naturaleza; si fuera por completo visible, entonces resultaría por entero previsible y desaparecería. Una previsión cierta al 100% no ofrece riesgos, mientras que cuanto mayor sea la imprevisibilidad de un evento futuro, mayor será el Riesgo.

Debido a que es un factor invisible es que se formó el sistema de los Seguros, desde sus lejanos orígenes en una especie de apuestas entre marineros audaces y comerciantes, que preferían juntar dinero y ofrecer una compensación si la carga se perdía, mientras ganaban un premio cuando se salvaba.

El Mediterráneo en esos siglos era una región mucho más peligrosa de lo que ahora se imagina, pues había piratas, torbellinos marítimos y tormentas con bastante fuerza para frustrar el comercio marítimo. La Odisea recuerda otros siglos, incluso anteriores al Seguro, cuando los naufragios eran frecuentes y no había mapas confiables ni brújulas.

La existencia posee sus puntos ciegos y el evitarlos se llama prudencia y experiencia.

Sin embargo, el Riesgo en serio es una posibilidad latente, que resulta invisible a la mente.

Los griegos imploraban al Oráculo de Delfos para adivinar el futuro, pero las respuestas en las que confiaban se respondían con poemas y frases paradójicas que se prestaban al engaño y a la mala interpretación.

La modernidad no desapareció el Riesgo de los antiguos navegantes, sino que lo diversificó. Mientras muchos viejos riesgos como navegar sin instrumentales ahora se solventa, las desagradables sorpresas no han desaparecido. Por extraño que parezca en pleno siglo XXI siguen reportándose casos de piratería marítima.

La tecnología y la protección civil ayudan a reducir las contingencias, pero el Riesgo sigue invisible y nuevos episodios suceden cada día: una ponchadura, un árbol cae sin dar señales, hay un sismo, hay asaltantes, etc.

La tecnología y la prevención ayudan muchísimo, pero ante el Riesgo invisible están los Seguros.

¿Conoces a alguien que prefiera seguir por la vida como ese antiguo marinero sin mapas?

 

lunes, 5 de enero de 2026

LEY DE LA RUTINA ENCEGUECEDORA FAVORECE AL IMPREVISTO PROBABILÍSTICO

 

 

                                            Por Carlos Valdés Martín 

La “Ley Valdés Martín de la Rutina Enceguecedora favorece al Imprevisto Probabilístico” afirma que las probabilidades objetivas se incrementan con el paso del tiempo, mientras la ley psicológica de la costumbre y rutina nos engaña al hacernos que creer que, si no sucedió un evento adverso durante suficiente tiempo, entonces ya nunca nos sucederá. Suponiendo un buen manejador, mientras más tiempo transcurre sin que algún mal conductor lo colisione, la probabilidad de que a él le suceda un accidente se incrementará. El automovilista precavido tendrá muy pocos accidentes a lo largo de su vida, mientras que el temerario tendrá más, pero la ley de probabilidades opera en el mismo sentido.

Así, las leyes psicológicas de la rutina y costumbre provocan una creencia contraria a las leyes de la probabilidad. La probabilidad matemática señala que cuando se repite un suceso aleatorio crece constantemente la probabilidad del evento que no había ocurrido. La repetición acerca la probabilidad de que algo ocurra. A la repetición positiva la elogiamos como perseverancia, a la negativa la cuestionamos como imprudencia.

Mientras nada le advierta en carne propia el aventurero, quiere más adrenalina. El equilibrista (funambulista o acróbata) que camina por la cuerda floja lo hace cada vez más confiado y subiendo la altura. El motociclista que nunca se ha caído, cada vez acelera más en un mediodía de euforia. Al temerario, la repetición de sus actos lo acerca constantemente a la adversidad.

Todas las personas, incluso más precavidas, estamos rodeadas de imprevistos probabilísticos, por tanto, sujetas a posibles accidentes y desgracias. Las leyes psicológicas de la rutina y la costumbre antagonizan con las leyes matemáticas de la probabilidad.  La Ley Valdés Martín de la Rutina Enceguecedora contra el Imprevisto Probabilístico, sirve para abrir los ojos y mirar más allá de la engañosa tranquilidad.