Por Carlos Valdés Martín
La “Ley Valdés Martín de la Rutina Enceguecedora favorece al Imprevisto Probabilístico” afirma que las probabilidades objetivas se incrementan con el paso del tiempo, mientras la ley psicológica de la costumbre y rutina nos engaña al hacernos que creer que, si no sucedió un evento adverso durante suficiente tiempo, entonces ya nunca nos sucederá. Suponiendo un buen manejador, mientras más tiempo transcurre sin que algún mal conductor lo colisione, la probabilidad de que a él le suceda un accidente se incrementará. El automovilista precavido tendrá muy pocos accidentes a lo largo de su vida, mientras que el temerario tendrá más, pero la ley de probabilidades opera en el mismo sentido.
Así, las leyes psicológicas de la rutina y costumbre provocan una creencia contraria a las leyes de la probabilidad. La probabilidad matemática señala que cuando se repite un suceso aleatorio crece constantemente la probabilidad del evento que no había ocurrido. La repetición acerca la probabilidad de que algo ocurra. A la repetición positiva la elogiamos como perseverancia, a la negativa la cuestionamos como imprudencia.
Mientras nada le advierta en carne propia el aventurero, quiere más adrenalina. El equilibrista (funambulista o acróbata) que camina por la cuerda floja lo hace cada vez más confiado y subiendo la altura. El motociclista que nunca se ha caído, cada vez acelera más en un mediodía de euforia. Al temerario, la repetición de sus actos lo acerca constantemente a la adversidad.
Todas las personas, incluso más precavidas, estamos rodeadas de imprevistos probabilísticos, por tanto, sujetas a posibles accidentes y desgracias. Las leyes psicológicas de la rutina y la costumbre antagonizan con las leyes matemáticas de la probabilidad. La Ley Valdés Martín de la Rutina Enceguecedora contra el Imprevisto Probabilístico, sirve para abrir los ojos y mirar más allá de la engañosa tranquilidad.