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jueves, 7 de noviembre de 2024

PAGAR MÁS RÁPIDO TUS DEUDAS O AHORRAR SIN DILEMA

 



 

Por Carlos Valdés Martín

 

 

Ahorrar o pagar deudas personales: ¿qué hacer primero?

Si lees esto, adivino que estás harto de pagar deudas. El dinero adeudado suele desbordarse y resulta muy molesto, incluso angustiante. En cambio, contar con ahorros da tranquilidad y hasta libertad financiera. Ya te diste cuenta que el ahorro es ese dinero que sí es completamente tuyo, mientras una quincena bajo endeudamiento deja de ser tuya.

Como hay distintas situaciones, en algunas ocasiones una deuda no es perjudicial, como en las hipotecarias de bajo costo.

Supongamos que sí hay un dilema. Te ha llegado el bendito aguinaldo y debes escoger.

Hay muchas deudas que son un desastre y el sufrido ciudadano debe deshacerse de esa deuda lo antes posible. El ejemplo más típico son las deudas con tarjeta de crédito, que arrastran costos financieros carísimos, y fácilmente aplican la fuerza del interés compuesto en contra tuya.

A las deudas en tarjeta de crédito debemos evitarlas y “apagar ese fuego” lo más pronto posible, porque son demasiado caras. Hay que utilizar las técnicas del “totalero” que carga tarjetas para no llevar efectivo, y en la fecha de pago cubre el 100% de la deuda.

Situaciones personales complicadas

Hay quienes contraen varias deudas personales y están muy atorados en una dinámica negativa. Esas personas están urgidas de una especie de “terapia financiera” para modificar lo más rápido posibles su situación desventurada.

El deudor debe de aplicar todo su esfuerzo y concentración en tomar medidas para reducir efectivamente y lo más rápido ese tipo de deudas. Jugar a engordar el saldo de la tarjeta de crédito, fácilmente se convierte en un “suicidio financiero”. Jamás se debe jugar a pagar únicamente el mínimo de lo que marca la tarjeta. Pagar el mínimo mensual que marca la tarjeta en automático implica engordar una deuda y que se comiencen a acumular intereses sobre intereses. La única recomendación viable es pagar lo más pronto posible las tarjetas de crédito y nunca tener saldos deudores porque son carísimos.

Hay una excepción temporal en las tarjetas que se llaman “meses sin intereses”, donde el cliente adquiere un bien o servicio costoso, el cual se divide en varios pagos sin aplicar intereses de la tarjeta. Ahí, el pago mensual está controlado y no perjudica en nada al cliente; siempre y cuando el tarjetahabiente sea cuidadosísimo en no atrasarse con sus pagos corrientes. Cuando hay un atraso en el pago corriente, la parte de “meses sin intereses” sí generará un interés por moratoria, que sí provoca un daño financiero. Cuanto el tarjetahabiente es descuidado o moroso tampoco debe meterse a esa modalidad, pues terminará en problemas.

Otros créditos personales

Hay otros créditos al consumo que también son perjudiciales, pero presentan un comportamiento más controlado. Hay importantes créditos al consumo que manejan pagos fijos y no parecen perjudicar al deudor. El más típico es el crédito automotriz, que aparentemente maneja una tasa baja o preferencial, sin embargo, al revisar las tablas de amortización, el resultado es que se paga una carretada de intereses enorme.

Para quienes requieren por fuerza o conveniencia un vehículo nuevo, ese tipo de créditos son indispensables, pero debe haber consciencia que el vehículo termina costando muchísimo más de lo que se presupuestaron inicialmente. Se recomienda considerar el costo del vehículo ya con el crédito para observar todo lo que se pagará por el preciado automóvil. En lo posible hay que evitar o reducir esos créditos al consumo lo más rápido posible.

El menos malo de la familia

El crédito hipotecario se considera el más económico de la familia de créditos personales, y por sus menores intereses a un plazo más largo, suele ser el que mejor se adapta al presupuesto del deudor. Sin embargo, también hay una increíblemente grande cartera de personas que terminan abandonando la propiedad adquirida porque no pueden pagar su hipoteca. ¿Por qué sucede esto?

Recordemos que la situación personal cambia cuando un despido, enfermedad o robo generan un imprevisto, de tal manera que el deudor se vuelve insolvente. ¡Qué situación tan triste perder una casa por la que se ha estado pagando hipoteca durante varios años! Y sí sucede más frecuente de lo que nos imaginamos. En el país hay cientos de miles de departamentos y casas abandonados ante una hipoteca, incluso hasta cuando hay hipotecas “blandas” proporcionadas por instituciones de gobierno.

Tres escenarios

 Para resumir, integraremos tres escenarios frente a los principales tipos de créditos, donde se sacarán conclusiones claras para enfrentar las deudas perjudiciales y obtener un mejor nivel de vida.

Escenario trágico. Cuando se tiene un crédito al consumo creciente, tipo tarjeta de crédito, lo más probable es que resulte imposible ahorrar. En ese caso, conviene dedicar todo el esfuerzo financiero a apagar ese fuego. Incluso es viable sustituir el crédito de tarjetas por un crédito al consumo algo menos costoso en términos reales. Lo que es catastrófico es seguir con las malas costumbres de usar el crédito de tarjetas con temeridad.

Escenario presionado. Cuando se contratan créditos de consumo que presionan la economía, pero no están creciendo, casi siempre conviene irlos adelantando para terminar con esa merma. En algunos, casos resulta viable ahorrar un poco del ingreso personal mientras se va pagando ese tipo de créditos como el automotriz. Y el contar con algo de ahorro evitará caer en alguna moratoria que también es muy perjudicial.

Escenario largoplacista. Cuando se contrata una hipoteca resulta muy importante ahorrar para convertir ese dinero en una inversión y un respaldo ante emergencias. Ese ahorro protege cuando haya algún tropiezo, y entonces se contará con el flujo de efectivo para no perder la casa por la hipoteca impagada. Las personas que tienen un ingreso suficiente pueden generar un ahorro significativo, que les permita obtener un capital propio y mientras se reduce el pago de la hipoteca, sea viable formar su propio fondo de jubilación.

Moraleja

Además de pagar tus deudas, en especial, acabar con tus deudas más malas, es importante que ahorres para tu futuro. Lo que hacer ahora por tu futuro es clave para tu yo de los años difíciles cuando (como dijo el predicador) se aflojen las muelas y las ventanas de la casa…

 

miércoles, 1 de febrero de 2023

DEUDOR POR EMOCIÓN IRRACIONAL

 



 

Por Carlos Valdés Martín

 

Por principio la deuda es un acto económico, pues sin recursos resultaría un acto imposible, sin embargo, el contenido psicológico de las deudas individuales es un componente básico. Asimismo, como fenómeno financiero las deudas deberían estar dentro de los flujos positivos que distribuyen recursos y generan riqueza por sus efectos, siendo que constantemente sucede algo muy distinto, cuando las familias y hasta los países se entrampan en problemas con las deudas. La parte psicológica del siguiente escrito está tomada ampliamente del artículo “La angustia de deber dinero a los demás” de Edith Sánchez, el cual describe oportunamente las emociones que subyacen en el deudor compulsivo.[1] Comenzaremos comprendiendo que la deuda es un pacto económico, para luego notar que se vuelve una fuente de dolor emocional y causa de fracaso práctico de millones de personas en el mundo.

 

La vulgarización de la deuda

Entre los pueblos primitivos la deuda formal era un acto extraño y poco frecuente. Bajo la mentalidad originaria de la magia, el préstamo poseía algo de religioso y potencial que desataba extrañas fuerzas.[2] Antes de que existiera el dinero se entregaban alimentos y prendas bajo solemnes promesas de devolver algo en un tiempo más feliz, cuando brotaran las cosechas o regresaran los cazadores. Entre las personas del pasado, la honorabilidad de las deudas era incuestionable, entonces su impago resultaba en hechos sangrientos; por lo mismo, la deuda no se difundía ampliamente.  

Existe un fenómeno más sencillo que está en la ampliación de las deudas, que consiste en la diferencia de tiempos, entre producción y consumo, así como las distintas valoraciones y eficacias entre consumir ahora y en un tiempo futuro. El interés surge de esas diferencias que son reales y no las inventan los prestamistas.

 

Difusión de las deudas

La creación de la economía de mercado volvió las deudas en dinero algo común y el desarrollo de un sistema financiero convirtió la deuda en una oferta al alcance de la mano de cada vez más personas.

En condiciones de poca oferta de dinero creció la usura como sistema de préstamos excesivos. De hecho, los primeros economistas se cuestionaron mucho la legitimidad de ganar un interés por el dinero, ya que el “espíritu del mercado” es intercambiar objetos iguales en valor; mientras que en el préstamo a interés se recibe menos de lo que se paga.

Fue con la deuda pública y con la invención de las “tarjetas de crédito” que los préstamos llegaron a todos los rincones de los países, y el préstamo dejó de ser un acto marginal. Una vez que el endeudarse se volvió un acto cotidiano es que llega a provocar curiosidad sobre sus motivaciones emocionales más profundas.  

La conversión de una palanca de crecimiento en una pesadilla

La transición de la economía mercantil, bastante rústica, hacia un capitalismo próspero sucedió de la mano de la expansión del crédito. Como fenómeno económico de las “altas esferas” de la industria, el crédito es positivo y extremadamente. Toda empresa, desde el punto de vista contable, está endeudada, pues el flujo de dinero implica un “deber”, y la estructura está “apalancada” con pasivos. Repito, por pequeña que sea, toda empresa es una entidad endeudada, lo cual implica que desde el punto de vista económico la deuda no es un mal, sino parte de un proceso.

Sucede lo mismo con el interés, que tampoco es malo ni resulta pensable su desaparición en una economía de mercado. El interés mismo no surge de la avaricia o del parasitismo, sino de un nivel más elemental, por lo que no desaparece con intenciones o coerciones.[3]

La angustia del deudor es real

“Deber dinero es una situación por la que la mayoría de las personas, en mayor o menor medida, han pasado en su vida. En ocasiones, esto puede suponer condiciones de angustia y ansiedad nada positivas. Reflexionamos un poco al respecto a continuación.”

En situaciones fuertes y sistemáticas, el “deber dinero” es una adicción y manifestación de un nivel de psicología profundo, que requiere de una atención fuerte y sistemática, por lo que resulta recomendable la atención de un especialista con estrategias de abordamiento.

“Deber dinero es como una tela de araña que va creciendo y amenaza con atraparnos, si es que ya no estamos atrapados en ella. Se trata de una situación que puede generar altísimas dosis de angustia y más de un conflicto emocional. Nadie se endeuda por gusto, ni con la intención de no pagar. Si pedimos dinero prestado es porque tenemos un plan en el que es posible reponer el dinero prestado.

“Es posible que los cálculos hayan sido incorrectos (…) Ahí es cuando empieza el martirio de deber dinero: los prestamistas se encargan de convertir nuestra vida en una pesadilla, con el aumento de los intereses y el acoso para que paguemos.

“En ese punto no tenemos otra opción sino la de pagar, o pagar. Quizás podamos renegociar el crédito, o tal vez tengamos que vender sofá, pero al final siempre tenemos que pagar. Lo que puede desembocar en continuas situaciones de estrés y ansiedad.”[4]

Anoto que para los economistas, contadores y financieros lo que interesa más es el aspecto numérico de las deudas par distinguir entre las “buenas y malas”, analizar sus tasas de interés, así como las tasas de retorno y otras cifras. Lo que nos revelan las personas compulsivas que analizan los psicólogos y otros profesionales de la mente, es que hay un hondo sentido emocional, donde se desbordan los cálculos numéricos.

La diferencia entre pedir prestado y los deudores por impulso

“Seguramente la mayoría (…) hemos decidido pedir dinero prestado en algún momento de nuestras vidas. Lo necesitamos para invertir en algo y suponemos que podremos devolverlo en las condiciones pactadas. Generalmente lo hacemos.

“Sin embargo, hay algunas personas que hacen de deber dinero su forma de vida. Viven invadidos de angustia por la premura de cumplir y entonces toman una nueva deuda para pagar las anteriores. Nunca pueden salir de ese círculo vicioso.[5] Este tipo de personas pueden considerarse como “deudores compulsivos” y se identifican porque cumplen con algunas características:

  • No tienen clara su situación financiera. No saben lo que es un presupuesto mensual.
  • Piden multitud de pequeños préstamos (una cantidad baja de dinero, un lápiz, etc.) y nunca los devuelven.
  • No tienen la menor idea del concepto de ahorro.

·         Acostumbran a comprar por impulso.

  • Compran a crédito, aun cuando puedan hacerlo en efectivo.
  • Están frecuentemente en “crisis financiera”.
  • Les gusta llegar al límite: agotan sus ingresos en un dos por tres, se sobregiran o llevan el cupo de la tarjeta a sus extremos.
  • Mantienen una esperanza indefinida respecto a que “alguien” o “algo” acudirá a rescatarlos de sus graves problemas financieros.

“El deudor compulsivo no es alguien que necesite educación financiera como tal, sino una persona con rasgos similares a los de un adicto a las drogas. Al final la situación se convierte en una trama de dependencia continua donde la persona es incapaz de visionar una salida.”[6]

 

Distinguir entre deuda y sobreendeudamiento

Para la economía, la deuda es cualquier acto de obtener un préstamo. De hecho, existe una cantidad de actos de préstamo que no vemos en la existencia cotidiana, porque no se registran, que surgen entre la recepción de un bien y su momento de pago. Cuando la energía eléctrica se recibe antes de su pago, se ha generado una deuda, entonces la población de todo el país está endeudada periódicamente. ¿Dónde surge el problema? El problema surge cuando la capacidad de endeudamiento sobrepasa a la capacidad de pago, donde viene el “sobreendeudamiento”.

El deudor compulsivo no únicamente se endeuda, sino que se sobre-endeuda. ¿Cómo se define? Porque la capacidad de pago ha quedado rebasada, incluso se ha rebasado permanentemente. El compulsivo tiende a pedir más de lo que puede pagar; lo cual trae un desequilibrio y la cadena conocida de tantas dificultades y angustias del deudor.

 

El dinero en la mente humana

El dinero es un objeto altamente simbólico. Un billete o una tarjeta de plástico no tienen valor como tal (…) Aprendemos a manejar el dinero a partir de lo que se nos inculca en la familia, implícita y explícitamente.”[7] Repitamos estas afirmaciones de otra manera para hacer énfasis:

El dinero es simbólico.[8] Un billete o una tarjeta de plástico no tienen valor económico fuera de su sustento (regulaciones, finanzas, leyes). Su valor económico se desprende de una red de pactos y convenciones que permiten intercambiar esos billetes y tarjetas por objetos y mercancías. Curiosamente el valor psíquico del dinero se desprende de otra compleja red de pactos y convenciones emocionales. Cuando una persona compra, ya antes aprendió un manejo emocional del dinero a partir de lo que se inculcó en la familia, que está marcado en su inconsciente.

 

“El dinero no solo compra cosas, también otorga poder. Los proveedores del dinero y el porcentaje de su contribución determinan el estatus en la familia y en la sociedad. Ese poder es manejado a veces de forma razonable y otras veces no tanto. Los eternos deudores generalmente llevan dentro de sí un conflicto esencial con el dinero, por el significado que aprendieron a otorgarle.

Las situaciones de excesiva carencia, cuando se hacen más visibles las limitaciones de no tener dinero, pueden dar origen a la fantasía de que “el dinero lo resuelve todo”. De ahí que cuando se adquiere una deuda, algunos piensen que “se resolverá sola”. Opera la lógica de que el dinero tiene cierto poder mágico para evitar cualquier problema futuro.

Están también los que, por motivaciones inconscientes, desean mantenerse en situación de carencia frente al mundo. Quieren permanecer en la pobreza y en la dependencia, por eso no ahorran para solventarse, sino que se endeudan e incrementan sus privaciones. No se dan cuenta de que se han metido en un problema: deber dinero.”[9]

En este punto, la economía en su profundidad protestaría al señalar que las deudas como institución racional, empleada por agentes económicos inteligentes, serían una fuente de riqueza y no de pobreza.

 

Endeudarse de manera permanente es una especie de autovictimización que les permite alimentar la imagen pobre que tienen de sí mismos y de la vida, para ganar la conmiseración de la que se creen merecedores.”[10]

 

“El manejo del dinero tiene mucho más que ver con las emociones y los deseos inconscientes, de lo que la mayoría está dispuesta a admitir. Muchos de los problemas con el dinero surgen no de la forma cómo se obtiene, sino de la clase de cosas en las que se gasta.

Si el manejo del dinero no funciona, si es fuente de angustia, si lleva a deudas interminables es porque no estamos hablando simplemente de finanzas, sino de condiciones psíquicas que es necesario revisar y valorar.”[11]

 

A manera de conclusión

Quien tenga un problema severo con su manera de endeudarse requiere de buscar ayuda en más de un nivel. Desde el punto de vista económico y financiero hay muchos cursos e instrumentos que son de utilidad, pero el nivel emocional también debe ser abordado con especialistas para su solución definitiva.

 

 NOTAS:



[1] La angustia de deber dinero a los demás, Escrito por Edith Sánchez, Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas. Tomado de https://lamenteesmaravillosa.com/la-angustia-deber-dinero-los-demas/

[2] Sir James Frazer, La rama dorada. En la mente primitiva, la deuda es un acto mágico, que ata a dos partes, bajo una amenaza.

[3] Krauze, Martín, La economía explicada a mis hijos, p. 126.

[4] La angustia de deber dinero a los demás, Escrito por Edith Sánchez, en  https://lamenteesmaravillosa.com/la-angustia-deber-dinero-los-demas/

[5] Anotemos que esta dinámica perversa, arrastra a la familia del deudor compulsivo. Véase Eduardo Alberto Grinspon: Trabajo publicado en la revista “Actualidad Psicológica”, año XXIX, nº 318

Abril 2004. Buenos Aires, Argentina. En https://www.uces.edu.ar/articulos-presentados-publicados-por-miembros-del-foro/es/1225/adiccion-endeudarse-economicamente-tipo-solucion-adictiva-impera-necesidad-pagar-perder-eduardo-grinspon.

 

[6] La angustia de deber dinero a los demás, Escrito por Edith Sánchez, en  https://lamenteesmaravillosa.com/la-angustia-deber-dinero-los-demas/

[7] La angustia de deber dinero a los demás, Escrito por Edith Sánchez, en  https://lamenteesmaravillosa.com/la-angustia-deber-dinero-los-demas/

[8] Muchos psicólogos y antropólogos se han interesado sobre esa estructura simbólica que ancla en la mente humana. Por ejemplo, Fromm, El miedo a la libertad, y Brown, Eros y tanatos.

[9] La angustia de deber dinero a los demás, Escrito por Edith Sánchez, en  https://lamenteesmaravillosa.com/la-angustia-deber-dinero-los-demas/

[10] La angustia de deber dinero a los demás, Escrito por Edith Sánchez, en  https://lamenteesmaravillosa.com/la-angustia-deber-dinero-los-demas/

[11] La angustia de deber dinero a los demás, Escrito por Edith Sánchez, en  https://lamenteesmaravillosa.com/la-angustia-deber-dinero-los-demas/