Por Carlos Valdés Martín
Hace menos de un
siglo las infecciones que ahora son leves, entonces eran mortales o provocaban
la más espantosa incapacidad. La ciencia médica estaba en una etapa anterior y
no había manera de resolver efectos de bacterias que dañaban los órganos del
cuerpo. Esta narración nos transporta hasta ese tiempo, cuando estaba por suceder algo maravilloso
que cambiaría la vida de millones de personas. Pero este relato comienza con
una desgracia.
Circula en la red
este relato anónimo,
que incluye un mito edificante: “Un día un aldeano que caminaba por una
zona pantanosa se encontró con un joven metido hasta la cintura en el pantano,
asustado, llorando y tratando de liberarse. El granjero salvó al joven de una
muerte lenta y cruel.
Al día
siguiente, un elegante carruaje apareció en la finca. Un noble elegantemente
vestido salió y se presentó como padre del niño ayudado por el granjero.
"Me
gustaría recompensarte", dijo el noble: "¡Salvaste la vida de mi
hijo!"
"No
puedo aceptar dinero por lo que he hecho", respondió el granjero escocés.
En ese
mismo momento, el hijo del granjero llegó a la puerta de la choza.
— ¿Es él tu
hijo? preguntó el noble
"Sí",
dijo el granjero con orgullo.
"Entonces
ofrezco un trato"
"Déjame
darle a tu hijo la misma educación que a mi hijo"
"Si el
hijo es como su padre, estoy seguro de que será un hombre del que ambos
estaremos orgullosos".
Y el
granjero aceptó, porque la modestia que rechaza para sí un bien, es incapaz de
negarle un futuro mejor a su hijo.
El hijo del
granjero, Alexander Fleming asistió a cursos en las mejores escuelas y,
finalmente, se graduó de la Escuela de Medicina del Hospital Saint Marie en
Londres.
El famoso
doctor Alexander Fleming
descubrió la penicilina.
Años más
tarde, el hijo del mismo noble, rescatado del pantano, enfermó de neumonía.
¿Qué le
salvó la vida esta vez? ... Fue la penicilina.
¿Cómo se
llamaba el noble? Sir Randolph Churchill y su hijo Sir Winston Churchill.
Alguien
dijo una vez: "Todo lo que va vuelve..."”
Ahora bien, lo
que para este relato está marcado por la fantasía, está basado en otras anécdotas
distintas sobre actos de generosidad, que son recompensados a la vuelta del tiempo. Sin duda,
todos deseamos que los buenos actos de las personas sean recompensados de
alguna manera y, a veces, la fortuna sonríe y en otras ocasiones se diseña una
cuidadosa estrategia que trae el bienestar a las personas amadas con el paso
del tiempo. En este relato sí hay una parte cierta, que el estudiante brillante
Alexander Fleming se convirtió en un científico de la medicina que se dedicó a
investigar hasta encontrar una nueva medicina contra infecciones mortales. Ese
relato señala que quien busca algo positivo por el camino correcto logrará un
gran bien para muchas personas y no únicamente para su satisfacción. Esa parte
realista conduce hacia otra anécdota que se repite constantemente.
Una amiga hace pocos
años comentó una situación personal y cómo una previsión cambió, para bien, su
infancia y educación:
“Cuando era
niña creí que mi mamá tiraba su dinero cuando juntaba con esfuerzo para pagar
un contrato. Por mi parte, no entendía por qué ella me decía que ese contrato
era tan importante. En mi mentalidad de niña solamente veía una carpeta con papeles. La primera
vez que me la enseñó, en ese entonces, yo ni siquiera sabía leer bien.
Mi papá se
había marchado hacia el Norte, al otro lado de la frontera, y todo indicaba que
se había olvidado de nosotras. Mi madre se santiguaba ante una imagen y ponía
una veladora para que él regresara, aunque no era muy devota.
Pasaron los
años y papá no regresó. En una ocasión, mi madre llamó a su hermana para mostrarle
la misma carpeta con papeles. Le dijo que era un “Seguro”.
Todavía no
terminaba la primaria, cuando apareció mi tía y me abrazó con cariño. Dijo
llorando: “Vamos a extrañar mucho a tu mami”.
Fui a vivir
al departamento de mi tía. Era pequeño y su hija fue como mi hermana.
Cuando había
pasado el duelo del velorio, una tarde la tía sacó la misma carpeta y dijo: Con
esto no te va faltar escuela dónde estudiar. Se lo prometí a tu madre, que lo
del Seguro de Vida será para tu escuela. Y así fue.”
Esa amiga es ingeniero
industrial que cursó una carrera brillante y consiguió un empleo en una trasnacional.
Ella se casó y tuvo gemelitas, dos niñas. Ella, en un cajón de su sala tiene
guardada una carpeta con un
contrato de Seguro de Vida. Ella no permitirá que una cochina casualidad
deje truncado el camino de sus pequeñas hijas.